Este es el ascensor bueno de la Facultad de Filosofía y letras. Bueno porque tiene un hermano gemelo malvado justo al otro lado de la facultad (en la parte cercana al pabellón de filología), pero de ese hablaremos otro día.
El ascensor bueno de la facultad de filosofía y letras no solo es bueno porque venga cuando lo llamas y sus puertas te traten bien. También es bueno porque quepan en el todo un curso de Información y documentación (lo que asegura que también tiene espacio suficiente para sillas de ruedas y carritos de la limpieza). Además no solo se queda ahí, te recibe con una musiquilla (de dudosa calidad), buena iluminación y¡las noticias!

Otra característica muy divertida de este ascensor es que puedes pulsar todos los botones para fastidiar a tus compañeros. Al menos hasta que descubren que puedes cancelarlo al volverlos a pulsar (malditos ascensores modernos). En la pantallita de las noticias ponen también la hora, el tiempo y vete a saber qué más porque después del primer viaje nunca vuelves a interesarte en ella. Pero por perfecto que parezca este ascensor (de tipo eléctrico) sigue perdiendo los combates contra incendios (tipo fuego) o derrumbes repentinos (tipo roca) a los que los estudiantes de la facultad ya tratamos como viejos amigos. Esto sin duda se debe a que nadie se molesta en ayudar a entrenar al pobre ascensor y cada vez que uno de estos dos fenómenos ataca se queda solo y todo el mundo corre a las escaleras. Por eso muchas veces, cuando subís en él y no escucháis su música no os dais cuenta de que lo que realmente trata de trasmitir con esas melodías es la soledad que siente. Se siente utilizado, como un mero objeto usado para divertir y servir a los demás y al que todo el mundo abandona cuando las cosas se ponen difíciles. Por eso, recordad, si alguna vez os subís en él, tratadle con cariño.
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